
Así me lo escupiste en la cara...
Entre tus jóvenes y mis viejos lo entendí como se entiende la muerte. Es decir, es inevitable, una utopía que al mismo tiempo cabe dentro de la definición de aberrante.
Te vi diestro salir por la puerta, azotándola y haciendo que los cuadros de la pared se desacomodaran, cerré los ojos, bebí aire caliente, me senté en el suelo y levanté la mano para decirte "buen viaje".
Mientras contaba mis cabellos, de fondo oía una canción de 'esas que me gustan', el sonido del gis del radio viejo me hacia sentir en la escena de una película gore.
Nos ahorramos el discurso conocido de las cosas que odiamos uno del otro, pagamos cada quien su boleto de tren para marchar, aunque el mio tiene retraso, sigo viendo el reloj en la salita de espera de la estación, 'ya viene, ya viene...' repito desesperada tronándome los dedos.
Dejaré de fruncir el ceño con los ojos cerrados, me limpiare las babas del rostro, dejaré la desconfianza bajo llave en una cajita, debajo de la silla donde aún espero, es tuya, ven por ella si te place. Ahí viene el tren, anuncian reparaciones, sus ruedas ya no sirven...