
Entre la copa que bebía y la que aún no llegaba, te me apareciste. Estabas ahí sentado, con la mirada triste que nunca vi, con la voz que jamás escuché; fantasma tan real que me lastimas hasta arder la piel.
No quisiera hacerlo, pero los recuerdos quedan atrapados entre tu olvido y el mio. Los arcoiris pasaron a ser más definiciones de diccionario con ilustraciones opacas que borraron los que creían que el cielo es celeste, idiotas.
Me quedo con mi firmamento morado y rojo, pinceladas en la gran bóveda que me cobija, con el agua cristalina y revuelta, con los listones trozados, con los nudos que le pongo a todo lo que encuentro.
Dijeron que era muy pronto, 'demasiado pronto' respondí, y aún así prefiero seguirme perdiendo en voces alcoholizadas, que pedir un perdón por culpas no ganadas. Total, el indulto está otorgado porque ya no le importa.