sábado, 10 de octubre de 2009

Puntos suspensivos... La lluvia cae (Parte II)

Una mujer con un boquete y la cara deforme en el suelo, como Dastenka, mi muñeca de trapo que vuela y atraviesa mi habitación cuando se me hace tarde en las mañanas, un tipo que se inmuta no por el arma que disparó y el feminicidio que acaba de cometer, sino por el grandulón encapuchado que se acerca corriendo hacia él.

Las 8:00 pm y la calle está en shock, entre muda, sofocada, enardecida, triste, sumisa, viva y locuaz, me quedo enmedio del sumisa y viva, me pasmo, no me muevo, sólo aprieto con fuerza mi mochila ya mojada, el impacto y la adrenalina me hacen pararme como resorte y ponerme detrás de la banca. Miro entre los agujeros.

Los pies que iban corriendo se congelan, se paran en seco sobre el charco de sangre de la mujer, él otro tipo corre, demasiado tarde, una breve sesión de disparos por la espalda lo lanzan unos metros delante, justo como cuando uno cae... Esta vez no mete las manos y su cara se refriega contra el áspero suelo levantando la piel.

Disparos de arma larga, balas abriendo paso entre las vísceras, trozando venas, arterias, tronando un pulmón, partiendo un corazón, machacando vida.

Dos muñecos de trapo sobre el suelo, sangrando, ya ni siquiera agonizando, no tuvieron aquello de ver la vida correr delante de sus ojos antes del momento fatídico, ni la lágrima sentida sobre la mano enferma, simple y sencillamente llegó así, rápida, sigilosa, fría e inmediata, la muerte los tocó y con su mano huesuda los jaló al otro mundo.

El asesino del asesino, así, sin pena alguna, regresa corriendo, chacualeando entre los charcos sube a su camioneta, nunca apagó el motor, da un fuerte portazo y da una vuelta en U atravesando la calle. Fue un trabajo limpio, dejó a su víctima como un alfiletero, o más bien como un muñeco de vudú, le clavó las balas, la magia del sicario resultó más efectiva que la del brujo para matar a las personas.

Miedo en las aceras, llamadas a celular, los curiosos se acercan a los cuerpos, no es lo mismo ver un asesinato en vivo y en directo que verlo por la tele, aquí La Catrina se pasea entre los autos, recoge lo que le corresponde y se marcha contenta.

Puntos suspensivos, la lluvia cae, patrullas a lo lejos después de 20 minutos, se ve cínico el acto de llegar pintando llanta, bajar corriendo y comenzar a hablar números al radio, los pasamontañas les cubren la cara, acordonan el lugar mientras que los peritos confirman dos muertes, ¡magníficos genios! nadie de los presentes lo hubieramos notado.

Salgo de atrás de mi escondite, mi autobús espera en el otro cruce, no lo van a dejar pasar, camino con paso acelerado hacia él, abordo y pago la cuota, toma una desviación y me dirijo a mi casa, puntos suspensivos... La lluvia sigue cayendo.